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Wystąpienie Ministra w języku hiszpańskim



INFORME DEL GOBIERNO

SOBRE LA POLÍTICA INTERNACIONAL DE POLONIA

PRESENTADO EN LA SESIÓN DEL PARLAMENTO 

EL DIA 21 DE ENERO DE 2005

POR EL MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES

DE LA REPÚBLICA DE POLONIA

CATEDRÁTICO ADAM DANIEL ROTFELD

 

 

¡Señor Presidente!

¡Señor Primer Ministro!

¡Señor Presidente del Parlamento!

¡Sus Señorías!

 

Tomo la palabra con cierta inquietud y timidez. Puesto que es la primera vez que subo esta tribuna como recién nombrado Ministro de Asuntos Exteriores. Además, me dispongo a presentar a Sus Señorías las prioridades y los principios de la política internacional de Polonia que fueron establecidos bajo su dirección, Señor Presidente del Parlamento o, cuando desempeñaba usted, con tanto éxito, el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores.

 

Mi intervención abre el cuarto -y a la vez último dentro de la legislatura de esta Cámara- debate anual sobre la política exterior. Ha empezado el año electoral. Esto tiene su importancia, ya que en nuestros tiempos se vuelve cada vez más difusa la línea que separa los asuntos interiores de los internacionales. Lo digo porque me gustaría, desde el principio, dejar claro que no es mi intención ni tampoco mi objetivo, involucrarme en la campaña preelectoral. El interés nacional del estado de Polonia impone considerar la política exterior y el instrumento de esta política, esto es, la diplomacia, por encima de la división de los partidos políticos. Me gustaría optimizar nuestras acciones lo mejor posible y asegurar la continuidad de todos los asuntos que inició el ministro Krzysztof Skubiszewski en otoño del año 1989 y que fueron desarrollados durante los siguientes quince años por sus sucesores: Andrzej Olechowski, Władysław Bartoszewski, Dariusz Rosati, Bronisław Geremek y Włodzimierz Cimoszewicz.

 

¡Señor Presidente del Parlamento!

¡Sus Señorías!

 

            Aceptando estos principios, quisiera presentar la lista de las cuestiones más relevantes del orden del día en nuestra política exterior.

 

            Primero, vamos a consolidar el lugar de Polonia en la Unión Europea como un estado responsable, para el cual la Política Exterior Común y la Política Europea de Seguridad y Defensa de la Unión constituyen el plano en el cual buscar, de un lado, el equilibrio de intereses y del otro, superar las divisiones existentes y evitar que surjan nuevas. Procuraremos conseguir que el presupuesto de la Unión Europea para los años 2007-2013 sea favorable para Polonia. Nuestro objetivo consiste en garantizar el máximo nivel de gasto dedicado a fomentar una política de cohesión y reforzar la agricultura de los nuevos países miembros, deseando que el nuevo presupuesto ayude a nivelar las diferencias en el plano de desarrollo de los países de la Unión. Intentaremos llegar a un compromiso acerca de la nueva perspectiva financiera en junio del año 2005. Es una tarea difícil. Sin embargo, confiamos en que en las negociaciones prevalecerá la buena voluntad, sin demoras tácticas y sin la intención de dar largas al asunto.

 

            Segundo, como miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y de la Unión Europea, trataremos de hacer posible una nueva apertura en las relaciones de todo el Occidente con Ucrania. El cambio democrático que se realizó en este país fue comprendido y apoyado en Polonia por todas las fuerzas políticas significativas. Haremos todo lo necesario para que este cambio sea apreciado y reconocido  por las sociedades democráticas de los países occidentales. Porque éste es un acontecimiento de importancia histórica comparable a la que tuvo el “otoño de la libertad” del año 1989. Las reformas en Ucrania necesitan apoyo, su giro hacia las estructuras euroatlánticas debería ser correspondido. Por nuestra parte, deseamos ofrecer al nuevo Presidente y al Gobierno de Ucrania –por vía bilateral- la ayuda necesaria, y también compartiremos nuestras experiencias en el desarrollo y en la consolidación de la transición democrática y proeuropea. Especialmente, insistiremos en que la Unión Europea conceda a sus relaciones con Ucrania la categoría de  alianza estratégica, en que abra una perspectiva de integración y que la OTAN proporcione a Ucrania un Plan de Acción para la Integración.

 

            Tercero, seguiremos consolidando el privilegiado carácter de nuestras relaciones con los Estados Unidos. Durante los siguientes cuatro años en la Casa Blanca estará desempeñando sus funciones un presidente que tiene una actitud favorable a los asuntos polacos. El gobierno es consciente de que este carácter especial de relaciones políticas polaco-americanas todavía no está reflejado plenamente en los demás campos de relaciones mutuas. En el terreno económico y en el de colaboración militar se han realizado cambios para mejor y pretendemos mantener esta tendencia. Las cosas no van igualmente bien en el caso de la supresión de los visados para los polacos que viajan a los Estados Unidos. Resultaría injusto prometer una solución inmediata para este asunto. Haremos todo lo posible para acelerar el ritmo de cambios que permitan satisfacer las expectativas de la sociedad polaca. Como nuevo miembro de la Unión Europea y aliado de hecho de América, en las próximas semanas y meses nos empeñaremos en restablecer el espíritu de la comunidad transatlántica, para que caigan en el olvido los rencores que han podido dificultar la colaboración a ambos lados del Atlántico durante los últimos dos años.

 

            Cuarto, nos proponemos, una vez realizadas las elecciones en Irak, acordar con el nuevo gobierno del país y con nuestros aliados en el marco de la coalición de estabilización, la nueva fórmula del compromiso de Polonia en el conflicto. Las elecciones en Irak constituyen un elemento imprescindible  en el proceso de normalización, incluso si resulta que en algunos sitios las condiciones para llevarlas a cabo no son las más apropiadas. De todas formas, estoy convencido de que las elecciones tienen que originar cambios positivos. Sin duda alguna, contribuirán a consolidar la legitimidad y el crédito de las autoridades, mejorarán la colaboración con los vecinos de Irak y las estructuras de seguridad interna podrán asumir mayor responsabilidad en cuanto a la situación del país. El actual contingente militar polaco será reducido. Las decisiones tomadas al respecto no perjudicarán la capacidad de llevar a cabo las tareas que nos han sido confiadas. Trataremos de seguir reduciendo nuestras fuerzas, favoreciendo a la vez a los Iraquíes para que vayan haciéndose cargo de la seguridad de Irak. No obstante, no nos hacemos ilusiones y nadie debería hacérselas: hasta que se normalice la situación en Irak pasarán años y será imprescindible la colaboración activa de gran parte de la sociedad internacional. Polonia, por varias razones, no debería eludir su participación en este esfuerzo común, aunque nuestra contribución puede adoptar formas diferentes. Sin duda, el carácter de la presencia de Polonia en Irak será cada vez más civil y menos militar. Con el tiempo, serán los empresarios polacos y no los soldados quienes apoyen en mayor medida el proceso de estabilización en Irak.

 

Quinto, entre nuestras prioridades se encuentra la búsqueda, junto con el gobierno de la República Federal de Alemania, de una futura fórmula de relaciones entre nuestros países, una fórmula que pondría el punto final a la carga del pasado y abriría nuevas perspectivas para el desarrollo de relaciones entre Polonia y Alemania. En los últimos meses hemos conseguido importantes avances. Me permito recordarles que el Canciller de Alemania declaró claramente que el gobierno alemán no apoyaría las reclamaciones individuales de propiedad que puedan solicitar los ciudadanos de la República Federal de Alemania. Ya han entrado en servicio los nuevos plenipotenciarios de los Ministros de Asuntos Exteriores de Polonia y Alemania para asuntos de colaboración bilateral. Tenemos que ver las relaciones entre nuestros países como son, con todas las dificultades, sin dejarse llevar por la ilusión. Asuntos de este tipo no se resuelven de una vez o mediante una fórmula mágica. El gobierno polaco tiene la obligación de defender los intereses del Estado Polaco y de sus ciudadanos no considerando sólo la perspectiva de los próximos meses o años, sino teniendo en cuenta generaciones enteras, es decir, con toda la conciencia de la perspectiva histórica que supone esta tarea. Vamos a cuidar estos intereses, colaborando con el gobierno de Alemania de manera constructiva y de acuerdo con el espíritu de la alianza europea.

 

Sexto, el gobierno hace todo lo posible para que Polonia como anfitrión y organizador de la Tercera Cumbre del Consejo Europeo –organización que desde hace más de cincuenta y cinco años reúne a los países democráticos de nuestro continente- pueda cumplir esta misión apropiadamente. Recuerdo que dicha cumbre tendrá lugar en Varsovia en mayo de este año. Es nuestra ambición que la cumbre varsoviana sirva para indicar las futuras tareas de esta importante institución europea y que al mismo tiempo incite a una profunda reflexión sobre el estado de la arquitectura de seguridad, la colaboración en Europa y en las relaciones euro-atlánticas. Nos gustaría, además, que la presidencia que desempeña Polonia en el Grupo de Visegrad pudiera renovar el sentido de la cooperación, sobre todo, dentro de la Unión Europea. Por último, deseamos también que Polonia como presidente del Consejo de los Países del Mar Báltico deje una impresión inmejorable. Continuaremos trabajando en la reforma de la Organización de Naciones Unidas, presentando nuestra propia visión de “La Nueva Acta Política para las Naciones Unidas en el siglo XXI”.

 

Séptimo, es nuestra intención que en los próximos meses pueda cambiar la manera de concebir la capacidad de Polonia para actuar fuera de Europa. La aceptación por parte del gobierno, en noviembre del año pasado, de la compleja estrategia respecto a los países en desarrollo, constituye una señal política de una nueva actitud hacia este tema. Nos gustaría  llevar a cabo la aprobación de la Ley de Cooperación para el Desarrollo, hacer que entre en vigor y que se establezcan las indispensables estructuras organizativas.

 

Octavo, la política exterior de Polonia debe fijar los objetivos que beneficien la economía polaca y los organismos que la forman, es decir, las empresas. La transformación económica, la privatización y la significativa liberalización del comercio exigen sus correspondientes cambios en las estructuras representativas de la República de Polonia en el extranjero, lo cual trae consigo el continuo desarrollo de los procesos de integración de los medios e instrumentos de la política exterior, tanto en el Departamento de Asuntos Exteriores como en las representaciones diplomáticas.  De modo que la proyectada formación de la Agencia de Promoción de la Economía Polaca debería servir para llevar a cabo también este proyecto. El proyecto de economizar la política exterior de Polonia, a pesar de cierta resistencia administrativa, resulta indispensable,  y –desde el punto de vista de la participación de Polonia en la común política comercial de la Unión Europea y la necesidad de trazar las líneas políticas dentro de la Unión de acuerdo con los intereses de la economía polaca– es necesario acelerar su realización considerablemente en el año 2005.

 

¡Sus Señorías!

 

            Los retos con los que ha tenido que enfrentarse, por primera vez, la política exterior de Polonia en los últimos meses han dividido nuestra escena política. Más de una vez, incluso en esta sala, han tenido lugar enardecidas discusiones sobre algunas cuestiones, como, por ejemplo, el Tratado Constitucional de la Unión Europea o la presencia de Polonia en Irak. Esto demuestra que el desarrollo de la situación internacional ocasiona interrogantes que a menudo no tienen una respuesta única, simple y fácil. Sin embargo, no comparto la difundida opinión según la cual ha llegado el fin del acuerdo nacional acerca de los principales temas y tareas de la política exterior de Polonia. Esta tesis se contradice con la reacción de la sociedad polaca y la unión de los políticos polacos ante el problema de Ucrania. Este caso confirma la verdad de que cuando actuamos juntos somos capaces de defender con éxito los intereses nacionales. Si las cuestiones fundamentales de la política exterior de Polonia se enredaran en los cálculos electorales del momento, esto nos perjudicaría a todos.

 

            Mi ambición es asegurar la continuidad de todos esos procesos que obran en beneficio de Polonia y que iniciaron mis predecesores. La nueva estructura política y el nuevo gobierno, indudablemente, cambiarán el semblante de la política exterior, sin embargo, los asuntos esenciales para el país y para su seguridad, deberían seguir siendo desarrollados. Para que esto sea posible resulta necesario e indispensable un profundo debate sobre ciertas cuestiones de fundamental importancia para Polonia y su política exterior. De ahí que se considere oportuno recordar los términos y cuestiones elementales -podríamos decir: una especie de axiomas- para refrescar la manera de comprenderlos. Creo que el presente debate podría constituir una significativa contribución a este proceso.

 

¡Sus Señorías!

 

            El 1 de mayo del año 2004 Polonia llegó a ser miembro de la Unión Europea. Es todavía temprano para llevar a cabo una evaluación exacta de las consecuencias de este evento histórico. De lo que no cabe duda es de que nuestra entrada en la Unión Europea desacreditó de manera inequívoca muchas falsas profecías, temores y dudas, que no faltaron ni dentro del país ni en el extranjero.

            Resulta que la incorporación de Polonia y otros nueve países dejó intacta la cohesión de la Unión Europea. Polonia no se convirtió, como nos reprochaban algunos, en el “caballo de Troya”, tampoco tuvo que dar clases particulares sobre cómo llegar a ser un buen europeo. Los acontecimientos en Ucrania dejaron al descubierto algo totalmente distinto: hay situaciones en las que conviene escuchar la voz de Polonia con mucha atención, cuando de las acciones polacas depende el prestigio de toda Europa.

 

¡Sus Señorías!

 

            La entrada en la Unión ha significado un evidente estímulo para el desarrollo de Polonia. Han llegado los primeros medios unitarios y –lo que es más importante- hemos sabido emplearlos bien. Nadie en nuestro país ha perdido a causa de convertirnos en miembros de la Unión. Todos han ganado. El mejor ejemplo lo constituye la mejora de la situación de los agricultores, el grupo social que se sentía más preocupado respecto a la adhesión de Polonia a la Unión.

 

            Tampoco ha sufrido nuestra identidad nacional. Seguimos viviendo en nuestro país, con la diferencia de que ahora marcha más de prisa hacia la modernización. Sin embargo, es necesario, y perfectamente natural, un sincero debate público sobre la visión de Europa que deseamos y nuestro lugar en ella. Todos los países miembros dedicarán los próximos meses a una intensa discusión sobre la visión de Europa, su futuro desarrollo, sus fronteras e identidad dentro del mundo globalizado. La inspiración y la chispa de este debate lo constituirá el proceso de ratificación del Tratado Constitucional, la discusión sobre la nueva perspectiva financiera, el tema de la incorporación de Turquía y, además, la necesidad de fijar las condiciones concretas y el plazo del inicio de las negociaciones con Ucrania sobre su adhesión –cuestión ésta desde el punto de vista polaco igualmente importante, si no la más importante de todas.

 

            La ratificación del Tratado Constitucional no es el único problema que figura hoy en el orden del día: se trata también de consolidar el apoyo social para nuestra presencia en la Unión. Nos espera un debate que precederá al referéndum sobre la Constitución Europea. Una decisión soberana no será relevante solamente desde el punto de vista del futuro desarrollo y la futura organización de la Unión Europea: será también una especie de prueba para las aspiraciones de Polonia.

 

¡Sus Señorías!

 

            El Tratado Constitucional que fue firmado el año pasado más bien cierra, sistematiza y ordena los acuerdos anteriores que traza las rutas para el futuro. Sin embargo, rechazarlo significaría condenar nuestro país al aislamiento o, en el mejor de los casos, haría volver al concepto de la Europa de “dos velocidades” o de la Europa “de núcleo sólido” y la periferia. El punto más débil del Tratado se refiere al lenguaje, ya que –debido a la búsqueda de fórmulas de compromiso- a menudo se sirve de la jerga de los funcionarios internacionales con la que se dirigen a otros funcionarios. En muy pocas ocasiones, los tratados firmados por los representantes de 25 países resultan simples, claros y legibles. No obstante, el Tratado, a pesar de todas las debilidades debidas a su naturaleza de compromiso, toma debidamente en cuenta los intereses de Polonia.

 

            Este es también el punto de partida para la definición de nuestra visión del futuro de Europa. Hablamos de una Europa solidaria y unida, eficiente y eficaz. De ahí la importancia que supone para Polonia, tanto hoy como mañana, la realización de la Estrategia de Lisboa.  Es un proyecto de consolidación de la competitividad de Europa en el proceso de globalización con relación a otros medios, sobre todo a través de las inversiones en la ciencia, las nuevas tecnologías y las modernas soluciones técnicas, económicas y organizativas.

 

            Para el interés de Polonia conviene que la Unión Europea constituya un sujeto importante en las relaciones internacionales: un sujeto solidario y competente en las relaciones políticas, y competitivo en la global escena económica.

 

            La rivalidad en la escena global va creciendo. Esto supone un reto estratégico para todos los países europeos, también los más grandes. Resulta cada vez más difícil que un solo país pueda competir con potencias como los Estados Unidos o como China y la India, que siguen haciéndose progresivamente más fuertes. Para hacer frente a esta nueva realidad de manera eficaz es necesario un esfuerzo colectivo. La consideración de Europa en el plano estratégico está de acuerdo con el interés nacional de Polonia. Desde esta perspectiva, la ampliación de la Unión hacia el Este parece beneficiosa tanto para Polonia como para toda la Unión.

 

            El hecho de ser miembro de la Unión Europea ha cambiado el centro de gravedad de nuestras acciones diplomáticas. Hoy día es primordial influir y convencer de nuestras razones a los compañeros unitarios. Hemos demostrado que somos capaces de defender nuestras causas de una manera decisiva, sin perder de vista los intereses de la Unión Europea en su totalidad. No queremos y no nos conviene movernos en el margen o manejar tan sólo la palanca del freno, o bien pensar únicamente en cómo “reducir los daños”. Al tener a nuestra disposición el freno, podemos provocar una reducción de la velocidad en un viaje colectivo, pero, desde luego, resulta imposible participar en una decisión respecto al destino. Somos y queremos ser un sujeto activo de la política de la Unión. Cada vez es más relevante nuestra influencia en la forma final de las soluciones unitarias.

 

¡Sus Señorías!

 

            Hay en el orden del día una pregunta muy importante que debería impulsar un debate serio, es decir: ¿con quién y cómo queremos realizar nuestros proyectos dentro de la Unión Europea? Nuestra estrategia abarca tres principales planos de contactos. Primero, nos interesan estrechos contactos y colaboración con nuestros aliados estratégicos, principalmente con Alemania y Francia, pero también con Gran Bretaña, con la que compartimos la misma actitud respecto a la importancia de las relaciones trasatlánticas. Segundo, tenemos en consideración la necesidad de mantener los fuertes lazos con los países de nuestra región, sobre todo con los miembros del Grupo de Visegrad. Por último, buscamos buenas relaciones y colaboramos con todos los aliados unitarios con los que nos unen intereses en asuntos concretos. Dicho de otra manera, no pensamos en crear unas coaliciones estables dentro de la Unión, sino más bien expondremos nuestra posición en un caso específico y entonces intentamos encontrar colaboradores que presenten una actitud parecida o cercana a la nuestra. De manera tajante e inequívoca rechazamos el concepto de “directorio europeo” o de la “médula” de Europa. De todas formas, hoy ya no se perciben tendencias de volver a aquellas ideas. Hoy reina  el espíritu de cooperación europea.

 

¡Sus Señorías!

 

            Como miembros de la Unión Europea hemos de percibir el tema de las relaciones bilaterales en un contexto nuevo. Esto concierne, en primer lugar, a nuestros principales aliados europeos: Alemania, Francia, así como Gran Bretaña.

 

            Durante los últimos años, las relaciones con Alemania han sido el tema de muchos debates, algunos de ellos muy exaltados, provocados, por regla general, por las acciones de diferentes círculos políticos en Alemania. Resulta comprensible que el significado de las relaciones polaco-alemanas –también hoy, después de la ampliación de la Unión Europea- exceda los límites de las relaciones bilaterales y no se reduzca sólo a una dimensión histórica determinada por el pasado. Para optimizar nuestra política  es necesario responder a la pregunta sobre cómo estas relaciones corresponden a las más amplias aspiraciones –polacas y alemanas- que se pretenden tanto en el contexto de toda Europa como en el plano trasatlántico. Desde la perspectiva de Polonia, estas relaciones pueden y deberían constituir el instrumento y, a la vez, una base importante de nuestro papel en Europa. Nos interesa crear un nuevo modelo de relaciones polaco-alemanas, bien asentado en los contextos europeo y trasatlántico. La estrecha colaboración entre Polonia y Alemania resulta imprescindible para animar la política de instituciones occidentales y euro-atlánticas respecto a nuestros vecinos en el Este, es decir, respecto a la Europa del Este. El documento conjunto polaco-alemán, presentado por los ministros Włodzimierz Cimoszewicz y Joschka Fischer en Luxemburgo el año pasado, podría convertirse en el fundamento de la nueva política unitaria con Ucrania. Otros campos de la cooperación polaco-alemana comprenden el futuro de las relaciones transatlánticas, así como la identidad política y la defensa de Europa.

 

            Esta colaboración debe basarse en el respeto de la igualdad de los aliados. Reconocemos el papel de Alemania en la construcción de Europa, confiamos en que también a la otra orilla del Oder, cambiará el sentimiento social y que los peyorativos estereotipos que determinan la manera de percibir Polonia serán sustituidos con la imagen de un país vecino amistoso y bien intencionado. Este futuro modelo nunca será el fundamento de la política si no logramos de una vez por todas y de manera tajante cerrar las cuestiones del pasado que vuelven a sembrar en el campo de las relaciones polaco-alemanas la desconfianza, la inquietud y la desestabilización. Nuestras relaciones exigen declaraciones claras y transparentes por parte de las principales fuerzas y partidos políticos de Alemania. No podemos permitir que los “nostálgicos del pasado”[1] decidan sobre las relaciones entre nuestros pueblos. Tenemos confianza en la fuerza de nuestras razones, todas ellas tienen su justificación histórica y una firme base jurídica. En nuestra política con Alemania, debemos librarnos de los complejos y no dejarnos llevar por las emociones. Nuestra actitud cuenta con la comprensión y la voluntad de colaboración de parte del Presidente, el Canciller y el Ministro de Asuntos Exteriores de la República Federal.

 

 

¡Señor Presidente del Parlamento  !

¡Sus Señorías!

 

            El año 2005 es el 60 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial. Para nosotros, esta celebración significa también el 60 aniversario de la devolución de los territorios occidentales a la madre patria. Hemos alcanzado la necesaria distancia y la perspectiva histórica para que sea posible una profunda reflexión sobre la responsabilidad, las consecuencias de la guerra y su actual presencia en la conciencia de los países y de las sociedades. El papel de Polonia consiste en actuar en defensa de la verdad histórica, oponerse a su falseamiento y deformación.

 

            Aquí, Señor Presidente del Parlamento o , me permito una breve digresión. Creo que ya ha llegado la hora de que, 60 años después del final de la guerra, las sociedades y los representantes de todos los medios de comunicación dentro de la comunidad de los países democráticos –en Europa, los Estados Unidos y en Canadá- se enteren de la elemental verdad sobre lo que sucedió de verdad en la Polonia durante la ocupación. Quién fue el agresor, el ocupante, quién creaba los campos de exterminio para matar en ellos a la gente, quién fue perseguido, oprimido y sujeto a la política de exterminio del hitlerismo alemán. Fue en la tierra polaca donde los alemanes construyeron los más grandes campos de exterminio, en los que, junto a los judíos, fueron matados en masa los polacos y otros pueblos europeos. Dentro de unos días, el 27 de enero de este año    –el día del 60 aniversario de la liberación del campo hitleriano Auschwitz-Birkenau-, los dirigentes de 40 naciones vendrán a este campo para participar en las celebraciones, para rendir homenaje a las víctimas. Me dirijo desde aquí, unos días antes de dichas celebraciones que indudablemente fijarán la atención de todo el mundo, a los representantes de las organizaciones periodísticas, a la Asociación de Periodistas Polacos y otros organismos que representan los medios de comunicación polacos, pidiéndoles que –independientemente de los llamamientos, rectificaciones y gestiones diplomáticas del Departamento de Asuntos Exteriores polaco- dirijan a sus compañeros y a las agencias informativas de todo el mundo una carta avisando que cualquier caso de emplear el término “campos de exterminio polacos” de manera irreflexiva o intencional será considerado ofensivo e infame. De este modo no sólo se desvanece la verdad sobre los autores del crimen, sino también queda denigrado nuestro pueblo, que fue la primera víctima de los criminales actos de la Alemania nazi.

 

¡Señor Presidente del Parlamento  !

¡Sus Señorías!

 

            Las relaciones con Francia. No hace falta recordar la importancia que ha tenido y tiene este país en la formación de la identidad europea. Francia es también uno de los mayores inversionistas extranjeros en Polonia. Este hecho constituye una premisa positiva para el desarrollo de una firme cooperación. Hemos notado un considerable cambio para mejor en cuanto al ambiente de las relaciones mutuas. La mejor prueba de este progreso la encontramos en la última visita del Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Michel Barnier, en Polonia. En pocas palabras: nuestras intenciones en las cuestiones del futuro de Europa resultan mucho más cercanas de lo que vemos en la prensa, los comentarios y los debates políticos.

 

            De vez en cuando surge la pregunta si el Triángulo de Weimar no habrá agotado su potencial político. La respuesta es fácil: las instituciones de este tipo han demostrado sobradamente su capacidad y ofrecen una plataforma útil para la cooperación política y la discusión sobre los problemas europeos. En particular, esperamos que Francia desempeñe un papel activo en el desarrollo de relaciones de la Unión con nuestros vecinos del Este.

 

            Tenemos en gran estima la alianza que nos une con Gran Bretaña. Compartimos sus opiniones sobre muchos asuntos europeos y globales. Últimamente el gobierno británico ha participado de manera activa e imaginativa en la formación de los mecanismos de cooperación europea, sobre todo en las cuestiones de política de defensa, de seguridad y de la política exterior común. De este modo, también nos ha ayudado a nosotros a formular nuestra política europea. La política británica ilustra la tesis según la cual los países ejercen mayor influencia sobre el futuro de Europa cuando toman una posición en los asuntos claves y centrales que cuando se alejan de los problemas importantes y prefieren retirarse voluntariamente a la periferia de la política europea. Contamos con la estrecha colaboración de Gran Bretaña, especialmente en el proceso de creación del nuevo modelo de relaciones transatlánticas, en el tema de las relaciones entre América y Europa, lo cual tiene una importancia capital para nuestra seguridad.

 

¡Sus Señorías!

 

            El estado de relaciones transatlánticas, como todas las relaciones entre los países, no es un valor diseñado de una vez para que dure siempre. De ahí que estas relaciones exijan nuestros continuos cuidados y gestiones. Hoy en día, la cuestión primordial consiste en rechazar los rencores y prejuicios que provocó la discrepancia respecto a la intervención en Irak. Observo con gran satisfacción que a ambos lados del Atlántico perdura la voluntad política de restablecer un ambiente propicio a la colaboración. Sin embargo, no se puede reducir la cuestión a la atmósfera de las relaciones transatlánticas. Se inscribe en el orden del día la necesidad de colaborar.

 

Desde la perspectiva de Polonia el nuevo consenso en las relaciones transatlánticas abarca dos terrenos importantes desde el punto de vista estratégico. Primero, se trata de la reacción del Occidente al cambio democrático y a las aspiraciones prooccidentales de Ucrania y, también, de la común línea política respecto a los demás aliados  del Este europeo. Segundo, es necesaria una alianza más estrecha en el Oriente Próximo. Lo exige, sobre todo, la necesidad de revitalizar el proceso de paz israelí-palestino, de asegurar el apoyo internacional para normalizar la situación en Irak y, también, de conseguir una solución satisfactoria y duradera para el problema del programa nuclear iraní. La colaboración transatlántica en todos estos temas constituye una garantía para poner en marcha los métodos que hagan posible una solución eficaz de estos problemas. Conviene añadir que en todos estos asuntos se perciben las oportunidades de una nueva apertura.

 

Al hablar de las relaciones transatlánticas hay que aceptar desde el principio que las diferencias que separan las posiciones a ambos lados del Atlántico son un fenómeno normal. Un nuevo acercamiento significa que Europa y los Estados Unidos se proponen juntar esfuerzos en la búsqueda de un denominador común y respetar mutuamente sus respectivos intereses. En el contexto del problema Iraquí podemos decir –después de casi dos años de experiencia- que ni América es capaz de solucionar todo por su cuenta, ni tampoco parece una opción constructiva el que algunos europeos caigan en la tentación de servir de contrapeso para los Estados Unidos. Al mismo tiempo tenemos que estar preparados para un debate importante sobre el modelo estructural de las relaciones transatlánticas, sobre todo, en lo referente al papel y lugar de la OTAN.

 

El compromiso en Afganistán, y también la participación en el entrenamiento de las fuerzas militares en Irak señala un destino estratégico totalmente nuevo para la Alianza. Hemos expresado nuestro apoyo respecto a este nuevo carácter, aunque la prioridad de Polonia consiste en mantener la clásica función de la alianza como instrumento de defensa colectivo. Hemos apostado por la globalización selectiva de la actividad estabilizadora de la OTAN, porque en el mundo actual este papel de la Alianza se muestra útil en la práctica. Para los Estados Unidos es éste el papel clave de la OTAN como fuerza global. América no considera a Europa una víctima potencial de un acto de agresión militar masiva que precise garantías y protección americana, sino un aliado de los Estados Unidos para cooperar juntos frente a las amenazas globales. La OTAN tiene que ser el instrumento de esta cooperación global, en el caso contrario, perderá fuerzas, mientras que el interés de los Estados Unidos por la Alianza llegará a ser problemático. Esto significaría el principio del fin de la presencia americana en Europa.

 

No tengo que añadir que a Polonia le interesa –y debería interesarle- mantener la presencia de los Estados Unidos en Europa y su particular papel propio de una potencia europea. Ya que la presencia de América trae consigo incuestionables consecuencias positivas: lo vemos sobre todo en el terreno de la Europa del Este, en el Sur del Cáucaso y en Asia Central.

 

En Polonia somos conscientes de que las estrechas –e incluso privilegiadas- relaciones con los Estados Unidos no constituyen una alternativa para nuestro compromiso en la integración europea. Nos preguntamos: ¿ cómo sacar provecho de la intimidad de nuestras relaciones con los Estados Unidos para mejorar el conjunto de las relaciones atlánticas? Nuestro compromiso en el mejoramiento de las relaciones transatlánticas no resultará creíble si al mismo tiempo no nos comprometemos de un modo igualmente firme en el desarrollo de la cooperación europea. 

 

El prestigio de Polonia en Washington es hoy día mayor que nunca. Este prestigio supone para nosotros una ventaja y un valor que no tiene precio, aunque digamos que, de todas formas, es un valor inconmensurable. Seamos sinceros: otros países llevan años procurando llegar a este tipo de relaciones sin conseguirlo. La posición de la que disfrutamos en los Estados Unidos no se gana mediante un lobby. El significado de este prestigio aumenta con la entrada en la Unión Europea. Nuestras relaciones con los Estados Unidos son muy importantes, ante todo, porque sólo América es capaz de garantizar nuestra seguridad de manera convincente. Resulta imposible menospreciar semejante factor incluso en la presente situación, es decir, cuando, afortunadamente, no existe ninguna amenaza directa para nuestra seguridad en el horizonte.

 

¡Señor Presidente del Parlamento  !

¡Sus Señorías!

 

            El triunfo de la democracia en Ucrania, conseguido pacíficamente, es mérito de millones de ucranianos. Lo consideramos también un éxito nuestro, polaco. La mediación del presidente Alexander Kwasniewski, la implicación en el asunto de los representantes de la Unión Europea -que resultó posible gracias a nuestro arbitraje-, la actividad de nuestros Parlamento arios independientemente de la división de partidos, la participación de los eurodiputados polacos y miles de jóvenes observadores durante las elecciones: estos y otros actos contribuyeron a que fuera posible la feliz solución de la crisis y constituyen una importante inversión para el futuro. La solidaridad masiva de los polacos con la Ucrania democrática significa un buen punto de partida para el cambio decisivo en las relaciones entre nuestras sociedades. Las relaciones al nivel presidencial son importantes, pero la decisión sobre el futuro de nuestros países dependerá de cada nación. Durante los últimos meses, los ucranianos y los polacos han demostrado el grado máximo de madurez política y una adecuada comprensión de la razón de estado. Por eso nos esforzaremos por establecer firmes y a la vez prácticos fundamentos para el desarrollo de las relaciones mutuas en el plano social, de modo que millones de ciudadanos de nuestros países a ambos lados de la frontera puedan percibir este cambio.

 

Quiero expresar mi profunda convicción de que Ucrania y toda la Europa del Este vuelven a estar entre los asuntos importantes del orden del día de los que se ocupan las instituciones europeas y euro-atlánticas y, seguramente, allí permanecerán. Debemos aprovecharlo para llevar a cabo la positiva revalorización de la anterior política occidental respecto a nuestros vecinos, sobre todo, para elaborar un “paquete de apertura” realista y significativo destinado al equipo reformador de Kiev. Ha caído el mito según el cual nuestros vecinos del Este no eran capaces de cumplir  los estándares occidentales de democracia y derechos humanos. La tesis de que, supuestamente, los pueblos de esta parte de Europa pertenecen a otra zona de civilización y de cultura, a otra “zona de influencias”, ya no tiene validez. Por último, tampoco se ha confirmado el mito que aseguraba que las sociedades de esta parte de Europa están sumergidas en la apatía y, por lo tanto, no pueden ellas solas formar una sociedad. Los últimos acontecimientos en Georgia y la revolución naranja en Ucrania obligan a los políticos a revalorizar sus actitudes y opiniones basadas en prejuicios y estereotipos.

 

¡Sus Señorías!

 

            Es comprensible la preocupación que despierta en Polonia la situación con Bielorrusia, país con el que compartimos frontera. Apoyamos las aspiraciones democráticas y proeuropeas de la sociedad de este país. Junto con nuestros aliados europeos y transatlánticos procuramos ir modelando la política de Occidente de manera que las tendencias democráticas y de liberación en Bielorrusia puedan contar con nuestra plena solidaridad. Tampoco nos olvidamos de Moldavia y de la necesidad de conseguir un mayor compromiso de parte del Occidente en la solución del conflicto del Transdniéster.

 

¡Sus Señorías!

 

            Las relaciones con la Federación de Rusia tienen un significado primordial para la política exterior de Polonia. Digámoslo claramente: nuestra participación en lo que sucedió en Ucrania no iba dirigida contra Rusia. Los motivos de nuestro compromiso se referían a la necesidad de apoyar los valores fundamentales y no actuamos en interés propio. Para nosotros lo esencial consistía en que en Ucrania tomara la palabra la soberana voluntad del pueblo. No había allí ningún complot extranjero. Además, estamos profundamente convencidos de que lo que pasó en Ucrania beneficia también a Rusia. Es la primera vez en la historia que en la frontera occidental de Rusia se encuentran tantos países que le son favorables y amistosos. Nos importa que Rusia esté unida lo más fuerte posible con Europa, con la Alianza del Atlántico Norte, con la Unión Europea. Me refiero a conexiones no sólo y no principalmente en forma de gaseoductos y oleoductos, aunque este tipo de relaciones también es importante. No obstante, para Polonia y para Europa el factor más relevante de la consolidación y de la seguridad y, a la vez, el denominador común radica en principios como: los estándares de democracia comunes, la libertad de los medios de comunicación, los derechos humanos. Una Rusia estable, rica y democrática será un centro de influencia sobre todo el territorio postsoviético mucho más significativo que si su política se basara en los anacrónicos conceptos de las llamadas “zonas de influencias” multipolares. El balance de las relaciones de Rusia con las instituciones democráticas del Occidente tampoco debería equivaler a cero. La modernización de la Europa del Este, la perspectiva de integración de Ucrania, Moldavia y, también, de Bielorrusia con las instituciones euro-atlánticas y europeas está en el interés común de la Rusia democrática y del Occidente.

 

            Para Polonia, la calidad de miembro de la Unión Europea brinda también una oportunidad de establecer una nueva plataforma para las relaciones bilaterales con Rusia. En este caso nos seguiremos esforzando en aproximarnos a la solución de varios problemas pendientes. Un filósofo finlandés recomendaba buscar enemigos lejos y amigos cerca. Sería de desear que nuestros dos países siguieran este lema en las relaciones mutuas.

 

¡Sus Señorías!

 

            El nuevo reto de Polonia consiste en emprender un debate común sobre la visión de relaciones en nuestra zona después de la ampliación de la Unión Europea. Conviene entonces, también, una reflexión interior sobre el lugar y el papel de la política regional en la totalidad de tareas de la política exterior.

 

            La cooperación en el marco del Grupo de Visegrad, en la Iniciativa de la Europa Central o en el Consejo de los Países del Mar Báltico, contribuía a consolidar la identidad de la Europa Central y aseguraba la estabilidad en toda la región. Después de entrar en la Unión Europea -o incluso dos o tres años antes de la ampliación- algunos de nuestros aliados empezaron a dudar de la necesidad de mantener esas estructuras subregionales. Nuestra opinión al respecto es distinta. Además, mediante iniciativas concretas -entre ellas, la actual presidencia del Grupo de Visegrad- hemos logrado fijar la dirección del proceso de evolución que debería seguir la cooperación regional para que su utilidad y conveniencia resulten convincentes. Esto se refiere también al programa de cooperación regional, iniciado en el año 2001, que abarca –aparte de los países del Grupo de Visegrad- a Austria y a Eslovenia. Nuestros aliados han podido comprobar que Polonia no considera la región un aval para sus ambiciones políticas en el foro de la Unión. Tampoco pretendemos convertirnos en el líder de la región. Nuestros objetivos son distintos: queremos aprovechar el prestigio y la posición dentro de la familia europea y transatlántica para defender los intereses de la región.

 

            La ampliación de la Unión Europea y de la OTAN, el cambio total de la imagen geopolítica de Europa y también la aparición de nuevos retos, han modificado el contexto en el que funcionaba toda la estructura institucional en Europa, no sólo las conexiones subregionales. Estas instituciones tienen que encontrar el nuevo sentido de su existencia. Esta es también una obligación de nuestra política.

 

¡Sus Señorías!

 

            Deseamos que el encuentro de los países del Consejo Europeo en la cumbre de Varsovia en mayo traiga una visión concreta del futuro y decida el lugar de este organismo en el contexto de otras  estructuras europeas. La cuestión es que las visiones que van preparando cada una de las instituciones, como el Consejo Europeo o la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, sean coherentes. Estas instituciones necesitan ser reconstruidas en su conjunto. Sobre todo, hay que eliminar los casos en que se doblan o multiplican las mismas tareas y evitar la rivalidad entre las instituciones. Conviene evitar la tendencia de que cada organismo se ocupe principalmente de sus propios problemas internos. Por supuesto, no nos hacemos ilusiones y no esperamos solucionar estos problemas de una sola vez o encontrar milagrosas medidas preventivas.

           

            A finales de enero y principios de febrero de este año tendrá lugar en Varsovia la siguiente sesión del Grupo Reflexivo de Varsovia que integra a los destacados analistas e investigadores de Europa y de Norteamérica. Su objetivo consistirá en elaborar un informe sobre el nivel de complementación de las estructuras europeas. Lo más importante: no derrochar el acervo normativo, político y operativo de las instituciones que funcionan en Europa. El asunto es urgente, ya que el último Consejo Ministerial de la OSCE en Sofía ha mostrado cómo natural crisis de identidad de este organismo puede ser aprovechada para solucionar objetivos políticos particulares. Así entendemos los intentos de limitar las actividades de este organismo en el campo de derechos humanos. Esto demuestra una actitud miope y puede causar efectos contrarios a los pretendidos. Por nuestra parte, estamos considerando una búsqueda constructiva de nuevas soluciones. El surgimiento de nuevos retos y amenazas asimétricas, como el terrorismo internacional, la proliferación de las armas de destrucción masiva, y nuevos fenómenos como los estados desaparecidos, y los que están en trance de desaparición, ponen en el orden del día la necesidad de una redefinición global del orden internacional. En la formación de la política exterior de Polonia nos basamos en la convicción de que el eficaz multilatelarismo constituye la clave para garantizar la paz y la estabilidad mundial. Haremos todo lo posible para mantener y consolidar las instituciones multilaterales de la gestión global, especialmente la Organización de Naciones Unidas.

 

            En este contexto, el asunto más urgente es la reforma de la ONU. De la necesaria reestructuración de la ONU habló el Ministro de Asuntos Exteriores de Polonia Włodzimierz Cimoszewicz en otoño del año 2003, cuando presentaba la iniciativa de acordar “La Nueva Acta Política para las Naciones Unidas en el siglo XXI”. La necesidad de cambios se debe a que el sistema de seguridad mundial está caracterizado por cierto dinamismo, mientras que las estructuras son estáticas. Como resultado, primero, viene la inadecuación conceptual de la organización. La ONU a menudo no tiene la capacidad necesaria para prevenir las amenazas y solucionar los nuevos problemas. La cuestión es que desde hace años los principales conflictos surgen no tanto en las relaciones entre los países como en su interior. De un lado, la sociedad internacional habitualmente espera una intervención inmediata y eficaz; del otro, la organización no dispone de debidas normas, procedimientos y medios.

 

            Segundo, se trata de una inadecuación política que hace que el sistema de fuerzas dentro de la Organización no refleje el real sistema de fuerzas en el mundo. Tercero, es esta inadecuación institucional la razón por la que los órganos de las Naciones Unidas y sus funcionarios trabajan de manera ineficaz y obsoleta.

 

            Así que la iniciativa polaca presentaba una visión integral de la reforma de las Naciones Unidas. Propusimos que el proyecto de reforma lo preparara el Panel de los Personajes Eminentes. Como es sabido, hace más de un año que el Secretario General formó este grupo, que luego, en diciembre de 2004, presentó el informe debido. El año 2005 será para las Naciones Unidas, y sobre todo para todos los países miembros  de la ONU, una prueba de capacidad reformadora. El encuentro de alto nivel planeado para el día del aniversario de la Declaración del Milenio debería traer consigo el consenso político respecto al paquete de cambios. La pregunta es: ¿qué nos traerá? La cuestión sigue abierta y no permite una respuesta simple.

 

            El compromiso de Polonia a favor de los cambios en la ONU no tiene ninguna intención oculta. No reclamamos un lugar permanente en el Consejo de Seguridad, tampoco pedimos cambios institucionales. Partimos de la convicción de que primero hay que reconocer los problemas, definir el nuevo mandato de la Organización y luego considerar la posibilidad de los cambios institucionales. Nuestra actitud responde a los intereses de la comunidad internacional y a la intención de actuar más allá del recinto regional. Nuestras iniciativas suponen, sobre todo, una contribución intelectual, un intento de reflexión creativa e innovadora.

 

¡Sus Señorías!

 

            Otra cuestión que merece un debate serio en nuestro país es el perfil político, militar y económico de la participación de Polonia en el sistema global de relaciones. Me refiero a Polonia como país que con la adhesión a la Unión Europea ha entrado en el nuevo sistema de conexiones internacionales, en los que la Unión constituye un sujeto colectivo. Stanisław Wyspiański en La boda (Wesele) escribía con ironía: “Que haya guerra en el mundo, con tal que la campiña polaca esté tranquila, con tal que la campiña polaca esté apacible”[2] . En la actualidad éste no es y no puede ser el lema de la política polaca. La seguridad ha llegado a ser de veras indivisible, los peligros que amenazan nuestra seguridad nacional pueden venir de los lugares más exóticos, considerablemente alejados de Polonia. El imperativo de la política exterior de Polonia consiste en buscar la seguridad nacional en el marco de la seguridad internacional, en colaboración con otros países.

 

            Desde esta perspectiva debemos considerar nuestro papel en Irak. El problema es que, probablemente, no disminuirá la demanda de este tipo de papeles difíciles, que tantos sacrificios suponen entre los países de la OTAN y de la Unión Europea. La OTAN se ha embarcado militarmente en Afganistán y espera que Polonia contribuya de forma activa. La Unión Europea va completando los grupos de combate. La catástrofe humanitaria en el sudeste asiático exige una modificación del concepto de dichos grupos para que puedan prestar ayuda internacional de manera eficaz en semejantes situaciones de crisis. La necesidad de estas actividades la confirma también el problema de Sudán. De ahí que resulte imprescindible elaborar una doctrina sensata respecto a la participación a escala internacional de nuestras fuerzas militares en semejantes operaciones. Se trata principalmente de intervenciones humanitarias. Para llevar a cabo los compromisos de esta índole necesitamos de una profunda comprensión de parte de la sociedad.

 

            Hasta ahora, este obvio –aunque también relativamente nuevo- postulado de convertirnos de un país ayudado por los demás en un pueblo capaz de prestar ayuda a los más necesitados del mundo, podría sonar como una declaración vacía y abstracta. La tragedia en Asia ha demostrado la importancia que tiene el hecho de que Polonia participe en las acciones de socorro y que muestre su solidaridad. La capacidad de ayudar a los demás –los más débiles, más pobres, que sufren enfermedades, hambre, cataclismos- debería, desde hoy, ir cambiando nuestra sensibilidad y conciencia, y también obtener una dimensión organizativo-presupuestaria.

 

¡Señor Presidente del Parlamento  !

¡Sus Señorías!

 

            La incorporación de Polonia en las estructuras y las políticas unitarias exige una revalorización de nuestras relaciones y lazos con los países de fuera de Europa, así como una redefinición de nuestro lugar dentro del sistema global. Europa es percibida, cada vez en mayor medida, como una totalidad. Deberíamos influir en la formulación de la política unitaria  respecto a los territorios fuera de Europa. Contamos con ciertas ventajas: nunca hemos sido un país colonial, disponemos de una amplia red de representaciones diplomáticas y de un gran número de círculos de emigrantes polacos, de muchos expertos e investigadores. Los escasos medios son nuestro punto más débil y la mayor limitación. No se puede desarrollar una política activa sin medios.

 

            Hace poco el gobierno aceptó la estrategia respecto a los países no europeos en fase de desarrollo y esto es una señal de la voluntad política y de la necesidad de actuar. Una señal importante, debido a su carácter concreto y sistemático. Esta estrategia va más allá de las declaraciones generales. Se trata de una tarea para desarrollar durante años. La categoría, la importancia y el atractivo de los países como China, India, Pakistán, Malasia, Tailandia, Indonesia, algunos países árabes, la República de Sudáfrica, Nigeria, Angola, Brasil, Argentina, Chile, México y otros, irá creciendo.  Para aprovechar las oportunidades de participación polaca en los procesos globales tenemos que ir modernizando, consecuentemente, nuestro sistema de gestión de los instrumentos de la política exterior.

 

¡Sus Señorías!

 

            Para nuestra identidad nacional resulta importante el hecho de que una  gran parte de los polacos, gente con orígenes polacos, siga viviendo fuera del país. En los años anteriores  establecimos una estrategia compleja del gobierno para la cooperación con los círculos de emigrantes. Existe un mecanismo comprobado para la realización de esta política. Además, hay otros asuntos que llaman nuestra atención. Es el caso de ayuda a los polacos en el Este, que a menudo se encuentran en una situación difícil desde el punto de vista material. Está también el caso de las demandas de la minoría polaca en Lituania o de los polacos en Alemania, que buscan una posibilidad de expresar su identidad cultural. Me gustaría, desde esta tribuna, manifestar mi profundo respeto y agradecimiento a ambas cámaras del Parlamento o, por la ayuda, el apoyo y la colaboración con los círculos de emigrantes polacos.

 

¡Señor Presidente!

¡Señor Primer Ministro!

¡Señor Presidente del Parlamento  !

¡Sus Señorías!

 

            El balance de la política exterior de los últimos años es significativo. La entrada en la Unión Europea ha sido el broche final a los esfuerzos de muchos años y con ella empieza un nuevo capítulo en la historia  de nuestro país. Hemos ganado una posición firme en el sistema trasatlántico y un alto prestigio en Europa. Los cambios en Ucrania abren nuevas posibilidades para nuestra política en el Este. Hemos empezado a actuar fuera de los territorio europeos.

 

            El ambiente internacional en el que actuamos se muestra excepcionalmente  frágil y poco estable. La situación cambia rápidamente. De este modo, se agudizan los problemas con los que nos enfrentamos y se complica la búsqueda de respuestas justas.

 

            He intentado hoy fijar la atención de Sus Señorías en estos problemas, tareas y prioridades fundamentales. Muchos países se encuentran con retos semejantes. En el mundo actual, para la mayoría de los problemas internacionales, la única respuesta eficaz es la respuesta colectiva.

 

            Permítanme, para terminar este discurso, expresar una vez más mi convicción de que la eficacia de nuestra política exterior depende y dependerá en gran medida de dos elementos: de la continuidad junto con perseverancia y, además, del interés nacional por encima de los partidos, cuya expresión es la posición conjunta o convergente de las principales fuerzas políticas respecto a los objetivos y tareas de la política exterior fundamentales para el país y la nación.

 

            Gracias por su atención.     

 



[1] Se refiere a los ciudadanos alemanes expulsados después de la II Guerra Mundial de los territorios de Polonia occidental que ahora reclaman la devolución de sus propiedades.

[2] Wyspiański, Stanisław, Wesele (Boda), 1901; cita: “Niech na całym świecie wojna, byle polska wieś zaciszna, byle polska wieś spokojna” [traducción del autor]





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