INFORME DEL GOBIERNO
SOBRE LA POLÍTICA
INTERNACIONAL DE POLONIA
PRESENTADO EN LA SESIÓN
DEL PARLAMENTO
EL DIA 21 DE ENERO DE 2005
POR EL MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES
DE LA REPÚBLICA DE POLONIA
CATEDRÁTICO ADAM DANIEL
ROTFELD
¡Señor Presidente!
¡Señor Primer Ministro!
¡Señor Presidente del
Parlamento!
¡Sus Señorías!
Tomo la
palabra con cierta inquietud y timidez. Puesto que es la primera vez
que subo esta tribuna como recién nombrado Ministro de Asuntos
Exteriores. Además, me dispongo a presentar a Sus Señorías
las prioridades y los principios de la política internacional
de Polonia que fueron establecidos bajo su dirección, Señor
Presidente del Parlamento o, cuando desempeñaba usted, con
tanto éxito, el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores.
Mi intervención abre el cuarto -y a la vez
último dentro de la legislatura de esta Cámara- debate
anual sobre la política exterior. Ha empezado el año
electoral. Esto tiene su importancia, ya que en nuestros tiempos se
vuelve cada vez más difusa la línea que separa los
asuntos interiores de los internacionales. Lo digo porque me
gustaría, desde el principio, dejar claro que no es mi
intención ni tampoco mi objetivo, involucrarme en la campaña
preelectoral. El interés nacional del estado de Polonia impone
considerar la política exterior y el instrumento de esta
política, esto es, la diplomacia, por encima de la división
de los partidos políticos. Me gustaría optimizar
nuestras acciones lo mejor posible y asegurar la continuidad de todos
los asuntos que inició el ministro Krzysztof Skubiszewski en
otoño del año 1989 y que fueron desarrollados durante
los siguientes quince años por sus sucesores: Andrzej
Olechowski, Władysław Bartoszewski, Dariusz Rosati, Bronisław Geremek
y Włodzimierz Cimoszewicz.
¡Señor Presidente del
Parlamento!
¡Sus Señorías!
Aceptando estos principios, quisiera presentar la
lista de las cuestiones más relevantes del orden del día
en nuestra política exterior.
Primero, vamos a consolidar el lugar de Polonia en
la Unión Europea como un estado responsable, para el cual la
Política Exterior Común y la Política Europea de
Seguridad y Defensa de la Unión constituyen el plano en el
cual buscar, de un lado, el equilibrio de intereses y del otro,
superar las divisiones existentes y evitar que surjan nuevas.
Procuraremos conseguir que el presupuesto de la Unión Europea
para los años 2007-2013 sea favorable para Polonia. Nuestro
objetivo consiste en garantizar el máximo nivel de gasto
dedicado a fomentar una política de cohesión y reforzar
la agricultura de los nuevos países miembros, deseando que el
nuevo presupuesto ayude a nivelar las diferencias en el plano de
desarrollo de los países de la Unión. Intentaremos
llegar a un compromiso acerca de la nueva perspectiva financiera en
junio del año 2005. Es una tarea difícil. Sin embargo,
confiamos en que en las negociaciones prevalecerá la buena
voluntad, sin demoras tácticas y sin la intención de
dar largas al asunto.
Segundo, como miembros de la Organización
del Tratado del Atlántico Norte y de la Unión Europea,
trataremos de hacer posible una nueva apertura en las relaciones de
todo el Occidente con Ucrania. El cambio democrático que se
realizó en este país fue comprendido y apoyado en
Polonia por todas las fuerzas políticas significativas.
Haremos todo lo necesario para que este cambio sea apreciado y
reconocido por las sociedades democráticas de los países
occidentales. Porque éste es un acontecimiento de importancia
histórica comparable a la que tuvo el “otoño de
la libertad” del año 1989. Las reformas en Ucrania
necesitan apoyo, su giro hacia las estructuras euroatlánticas
debería ser correspondido. Por nuestra parte, deseamos ofrecer
al nuevo Presidente y al Gobierno de Ucrania –por vía
bilateral- la ayuda necesaria, y también compartiremos
nuestras experiencias en el desarrollo y en la consolidación
de la transición democrática y proeuropea.
Especialmente, insistiremos en que la Unión Europea conceda a
sus relaciones con Ucrania la categoría de alianza
estratégica, en que abra una perspectiva de integración
y que la OTAN proporcione a Ucrania un Plan de Acción para la
Integración.
Tercero, seguiremos consolidando el privilegiado
carácter de nuestras relaciones con los Estados Unidos.
Durante los siguientes cuatro años en la Casa Blanca estará
desempeñando sus funciones un presidente que tiene una actitud
favorable a los asuntos polacos. El gobierno es consciente de que
este carácter especial de relaciones políticas
polaco-americanas todavía no está reflejado plenamente
en los demás campos de relaciones mutuas. En el terreno
económico y en el de colaboración militar se han
realizado cambios para mejor y pretendemos mantener esta tendencia.
Las cosas no van igualmente bien en el caso de la supresión de
los visados para los polacos que viajan a los Estados Unidos.
Resultaría injusto prometer una solución inmediata para
este asunto. Haremos todo lo posible para acelerar el ritmo de
cambios que permitan satisfacer las expectativas de la sociedad
polaca. Como nuevo miembro de la Unión Europea y aliado de
hecho de América, en las próximas semanas y meses nos
empeñaremos en restablecer el espíritu de la comunidad
transatlántica, para que caigan en el olvido los rencores que
han podido dificultar la colaboración a ambos lados del
Atlántico durante los últimos dos años.
Cuarto, nos proponemos, una vez realizadas las
elecciones en Irak, acordar con el nuevo gobierno del país y
con nuestros aliados en el marco de la coalición de
estabilización, la nueva fórmula del compromiso de
Polonia en el conflicto. Las elecciones en Irak constituyen un
elemento imprescindible en el proceso de normalización,
incluso si resulta que en algunos sitios las condiciones para
llevarlas a cabo no son las más apropiadas. De todas formas,
estoy convencido de que las elecciones tienen que originar cambios
positivos. Sin duda alguna, contribuirán a consolidar la
legitimidad y el crédito de las autoridades, mejorarán
la colaboración con los vecinos de Irak y las estructuras de
seguridad interna podrán asumir mayor responsabilidad en
cuanto a la situación del país. El actual contingente
militar polaco será reducido. Las decisiones tomadas al
respecto no perjudicarán la capacidad de llevar a cabo las
tareas que nos han sido confiadas. Trataremos de seguir reduciendo
nuestras fuerzas, favoreciendo a la vez a los Iraquíes para
que vayan haciéndose cargo de la seguridad de Irak. No
obstante, no nos hacemos ilusiones y nadie debería hacérselas:
hasta que se normalice la situación en Irak pasarán
años y será imprescindible la colaboración
activa de gran parte de la sociedad internacional. Polonia, por
varias razones, no debería eludir su participación en
este esfuerzo común, aunque nuestra contribución puede
adoptar formas diferentes. Sin duda, el carácter de la
presencia de Polonia en Irak será cada vez más civil y
menos militar. Con el tiempo, serán los empresarios polacos y
no los soldados quienes apoyen en mayor medida el proceso de
estabilización en Irak.
Quinto,
entre nuestras prioridades se encuentra la búsqueda, junto con
el gobierno de la República Federal de Alemania, de una futura
fórmula de relaciones entre nuestros países, una
fórmula que pondría el punto final a la carga del
pasado y abriría nuevas perspectivas para el desarrollo de
relaciones entre Polonia y Alemania. En los últimos meses
hemos conseguido importantes avances. Me permito recordarles que el
Canciller de Alemania declaró claramente que el gobierno
alemán no apoyaría las reclamaciones individuales de
propiedad que puedan solicitar los ciudadanos de la República
Federal de Alemania. Ya han entrado en servicio los nuevos
plenipotenciarios de los Ministros de Asuntos Exteriores de Polonia y
Alemania para asuntos de colaboración bilateral. Tenemos que
ver las relaciones entre nuestros países como son, con todas
las dificultades, sin dejarse llevar por la ilusión. Asuntos
de este tipo no se resuelven de una vez o mediante una fórmula
mágica. El gobierno polaco tiene la obligación de
defender los intereses del Estado Polaco y de sus ciudadanos no
considerando sólo la perspectiva de los próximos meses
o años, sino teniendo en cuenta generaciones enteras, es
decir, con toda la conciencia de la perspectiva histórica que
supone esta tarea. Vamos a cuidar estos intereses, colaborando con el
gobierno de Alemania de manera constructiva y de acuerdo con el
espíritu de la alianza europea.
Sexto, el
gobierno hace todo lo posible para que Polonia como anfitrión
y organizador de la Tercera Cumbre del Consejo Europeo –organización
que desde hace más de cincuenta y cinco años reúne
a los países democráticos de nuestro continente- pueda
cumplir esta misión apropiadamente. Recuerdo que dicha cumbre
tendrá lugar en Varsovia en mayo de este año. Es
nuestra ambición que la cumbre varsoviana sirva para indicar
las futuras tareas de esta importante institución europea y
que al mismo tiempo incite a una profunda reflexión sobre el
estado de la arquitectura de seguridad, la colaboración en
Europa y en las relaciones euro-atlánticas. Nos gustaría,
además, que la presidencia que desempeña Polonia en el
Grupo de Visegrad pudiera renovar el sentido de la cooperación,
sobre todo, dentro de la Unión Europea. Por último,
deseamos también que Polonia como presidente del Consejo de
los Países del Mar Báltico deje una impresión
inmejorable. Continuaremos trabajando en la reforma de la
Organización de Naciones Unidas, presentando nuestra propia
visión de “La Nueva Acta Política para las
Naciones Unidas en el siglo XXI”.
Séptimo,
es nuestra intención que en los próximos meses pueda
cambiar la manera de concebir la capacidad de Polonia para actuar
fuera de Europa. La aceptación por parte del gobierno, en
noviembre del año pasado, de la compleja estrategia respecto a
los países en desarrollo, constituye una señal política
de una nueva actitud hacia este tema. Nos gustaría llevar
a cabo la aprobación de la Ley de Cooperación para el
Desarrollo, hacer que entre en vigor y que se establezcan las
indispensables estructuras organizativas.
Octavo, la
política exterior de Polonia debe fijar los objetivos que
beneficien la economía polaca y los organismos que la forman,
es decir, las empresas. La transformación económica, la
privatización y la significativa liberalización del
comercio exigen sus correspondientes cambios en las estructuras
representativas de la República de Polonia en el extranjero,
lo cual trae consigo el continuo desarrollo de los procesos de
integración de los medios e instrumentos de la política
exterior, tanto en el Departamento de Asuntos Exteriores como en las
representaciones diplomáticas. De modo que la proyectada
formación de la Agencia de Promoción de la Economía
Polaca debería servir para llevar a cabo también este
proyecto. El proyecto de economizar la política exterior de
Polonia, a pesar de cierta resistencia administrativa, resulta
indispensable, y –desde el punto de vista de la
participación de Polonia en la común política
comercial de la Unión Europea y la necesidad de trazar las
líneas políticas dentro de la Unión de acuerdo
con los intereses de la economía polaca– es necesario
acelerar su realización considerablemente en el año
2005.
¡Sus Señorías!
Los retos con los que ha tenido que enfrentarse,
por primera vez, la política exterior de Polonia en los
últimos meses han dividido nuestra escena política. Más
de una vez, incluso en esta sala, han tenido lugar enardecidas
discusiones sobre algunas cuestiones, como, por ejemplo, el Tratado
Constitucional de la Unión Europea o la presencia de Polonia
en Irak. Esto demuestra que el desarrollo de la situación
internacional ocasiona interrogantes que a menudo no tienen una
respuesta única, simple y fácil. Sin embargo, no
comparto la difundida opinión según la cual ha llegado
el fin del acuerdo nacional acerca de los principales temas y tareas
de la política exterior de Polonia. Esta tesis se contradice
con la reacción de la sociedad polaca y la unión de los
políticos polacos ante el problema de Ucrania. Este caso
confirma la verdad de que cuando actuamos juntos somos capaces de
defender con éxito los intereses nacionales. Si las cuestiones
fundamentales de la política exterior de Polonia se enredaran
en los cálculos electorales del momento, esto nos perjudicaría
a todos.
Mi ambición es asegurar la continuidad de
todos esos procesos que obran en beneficio de Polonia y que iniciaron
mis predecesores. La nueva estructura política y el nuevo
gobierno, indudablemente, cambiarán el semblante de la
política exterior, sin embargo, los asuntos esenciales para el
país y para su seguridad, deberían seguir siendo
desarrollados. Para que esto sea posible resulta necesario e
indispensable un profundo debate sobre ciertas cuestiones de
fundamental importancia para Polonia y su política exterior.
De ahí que se considere oportuno recordar los términos
y cuestiones elementales -podríamos decir: una especie de
axiomas- para refrescar la manera de comprenderlos. Creo que el
presente debate podría constituir una significativa
contribución a este proceso.
¡Sus Señorías!
El 1 de mayo del año 2004 Polonia llegó
a ser miembro de la Unión Europea. Es todavía temprano
para llevar a cabo una evaluación exacta de las consecuencias
de este evento histórico. De lo que no cabe duda es de que
nuestra entrada en la Unión Europea desacreditó de
manera inequívoca muchas falsas profecías, temores y
dudas, que no faltaron ni dentro del país ni en el extranjero.
Resulta que la incorporación de Polonia y
otros nueve países dejó intacta la cohesión de
la Unión Europea. Polonia no se convirtió, como nos
reprochaban algunos, en el “caballo de Troya”, tampoco
tuvo que dar clases particulares sobre cómo llegar a ser un
buen europeo. Los acontecimientos en Ucrania dejaron al descubierto
algo totalmente distinto: hay situaciones en las que conviene
escuchar la voz de Polonia con mucha atención, cuando de las
acciones polacas depende el prestigio de toda Europa.
¡Sus Señorías!
La entrada en la Unión ha significado un
evidente estímulo para el desarrollo de Polonia. Han llegado
los primeros medios unitarios y –lo que es más
importante- hemos sabido emplearlos bien. Nadie en nuestro país
ha perdido a causa de convertirnos en miembros de la Unión.
Todos han ganado. El mejor ejemplo lo constituye la mejora de la
situación de los agricultores, el grupo social que se sentía
más preocupado respecto a la adhesión de Polonia a la
Unión.
Tampoco ha sufrido nuestra identidad nacional.
Seguimos viviendo en nuestro país, con la diferencia de que
ahora marcha más de prisa hacia la modernización. Sin
embargo, es necesario, y perfectamente natural, un sincero debate
público sobre la visión de Europa que deseamos y
nuestro lugar en ella. Todos los países miembros dedicarán
los próximos meses a una intensa discusión sobre la
visión de Europa, su futuro desarrollo, sus fronteras e
identidad dentro del mundo globalizado. La inspiración y la
chispa de este debate lo constituirá el proceso de
ratificación del Tratado Constitucional, la discusión
sobre la nueva perspectiva financiera, el tema de la incorporación
de Turquía y, además, la necesidad de fijar las
condiciones concretas y el plazo del inicio de las negociaciones con
Ucrania sobre su adhesión –cuestión ésta
desde el punto de vista polaco igualmente importante, si no la más
importante de todas.
La ratificación del Tratado Constitucional
no es el único problema que figura hoy en el orden del día:
se trata también de consolidar el apoyo social para nuestra
presencia en la Unión. Nos espera un debate que precederá
al referéndum sobre la Constitución Europea. Una
decisión soberana no será relevante solamente desde el
punto de vista del futuro desarrollo y la futura organización
de la Unión Europea: será también una especie de
prueba para las aspiraciones de Polonia.
¡Sus Señorías!
El Tratado Constitucional que fue firmado el año
pasado más bien cierra, sistematiza y ordena los acuerdos
anteriores que traza las rutas para el futuro. Sin embargo,
rechazarlo significaría condenar nuestro país al
aislamiento o, en el mejor de los casos, haría volver al
concepto de la Europa de “dos velocidades” o de la Europa
“de núcleo sólido” y la periferia. El punto
más débil del Tratado se refiere al lenguaje, ya que
–debido a la búsqueda de fórmulas de compromiso-
a menudo se sirve de la jerga de los funcionarios internacionales con
la que se dirigen a otros funcionarios. En muy pocas ocasiones, los
tratados firmados por los representantes de 25 países resultan
simples, claros y legibles. No obstante, el Tratado, a pesar de todas
las debilidades debidas a su naturaleza de compromiso, toma
debidamente en cuenta los intereses de Polonia.
Este es también el punto de partida para la
definición de nuestra visión del futuro de Europa.
Hablamos de una Europa solidaria y unida, eficiente y eficaz. De ahí
la importancia que supone para Polonia, tanto hoy como mañana,
la realización de la Estrategia de Lisboa. Es un
proyecto de consolidación de la competitividad de Europa en el
proceso de globalización con relación a otros medios,
sobre todo a través de las inversiones en la ciencia, las
nuevas tecnologías y las modernas soluciones técnicas,
económicas y organizativas.
Para el interés de Polonia conviene que la
Unión Europea constituya un sujeto importante en las
relaciones internacionales: un sujeto solidario y competente en las
relaciones políticas, y competitivo en la global escena
económica.
La rivalidad en la escena global va creciendo.
Esto supone un reto estratégico para todos los países
europeos, también los más grandes. Resulta cada vez más
difícil que un solo país pueda competir con potencias
como los Estados Unidos o como China y la India, que siguen
haciéndose progresivamente más fuertes. Para hacer
frente a esta nueva realidad de manera eficaz es necesario un
esfuerzo colectivo. La consideración de Europa en el plano
estratégico está de acuerdo con el interés
nacional de Polonia. Desde esta perspectiva, la ampliación de
la Unión hacia el Este parece beneficiosa tanto para Polonia
como para toda la Unión.
El hecho de ser miembro de la Unión Europea
ha cambiado el centro de gravedad de nuestras acciones diplomáticas.
Hoy día es primordial influir y convencer de nuestras razones
a los compañeros unitarios. Hemos demostrado que somos capaces
de defender nuestras causas de una manera decisiva, sin perder de
vista los intereses de la Unión Europea en su totalidad. No
queremos y no nos conviene movernos en el margen o manejar tan sólo
la palanca del freno, o bien pensar únicamente en cómo
“reducir los daños”. Al tener a nuestra
disposición el freno, podemos provocar una reducción de
la velocidad en un viaje colectivo, pero, desde luego, resulta
imposible participar en una decisión respecto al destino.
Somos y queremos ser un sujeto activo de la política de la
Unión. Cada vez es más relevante nuestra influencia en
la forma final de las soluciones unitarias.
¡Sus Señorías!
Hay en el orden del día una pregunta muy
importante que debería impulsar un debate serio, es decir:
¿con quién y cómo queremos realizar nuestros
proyectos dentro de la Unión Europea? Nuestra estrategia
abarca tres principales planos de contactos. Primero, nos interesan
estrechos contactos y colaboración con nuestros aliados
estratégicos, principalmente con Alemania y Francia, pero
también con Gran Bretaña, con la que compartimos la
misma actitud respecto a la importancia de las relaciones
trasatlánticas. Segundo, tenemos en consideración la
necesidad de mantener los fuertes lazos con los países de
nuestra región, sobre todo con los miembros del Grupo de
Visegrad. Por último, buscamos buenas relaciones y colaboramos
con todos los aliados unitarios con los que nos unen intereses en
asuntos concretos. Dicho de otra manera, no pensamos en crear unas
coaliciones estables dentro de la Unión, sino más bien
expondremos nuestra posición en un caso específico y
entonces intentamos encontrar colaboradores que presenten una actitud
parecida o cercana a la nuestra. De manera tajante e inequívoca
rechazamos el concepto de “directorio europeo” o de la
“médula” de Europa. De todas formas, hoy ya no se
perciben tendencias de volver a aquellas ideas. Hoy reina el
espíritu de cooperación europea.
¡Sus Señorías!
Como miembros de la Unión Europea hemos de
percibir el tema de las relaciones bilaterales en un contexto nuevo.
Esto concierne, en primer lugar, a nuestros principales aliados
europeos: Alemania, Francia, así como Gran Bretaña.
Durante los últimos años, las
relaciones con Alemania han sido el tema de muchos debates, algunos
de ellos muy exaltados, provocados, por regla general, por las
acciones de diferentes círculos políticos en Alemania.
Resulta comprensible que el significado de las relaciones
polaco-alemanas –también hoy, después de la
ampliación de la Unión Europea- exceda los límites
de las relaciones bilaterales y no se reduzca sólo a una
dimensión histórica determinada por el pasado. Para
optimizar nuestra política es necesario responder a la
pregunta sobre cómo estas relaciones corresponden a las más
amplias aspiraciones –polacas y alemanas- que se pretenden
tanto en el contexto de toda Europa como en el plano trasatlántico.
Desde la perspectiva de Polonia, estas relaciones pueden y deberían
constituir el instrumento y, a la vez, una base importante de nuestro
papel en Europa. Nos interesa crear un nuevo modelo de relaciones
polaco-alemanas, bien asentado en los contextos europeo y
trasatlántico. La estrecha colaboración entre Polonia y
Alemania resulta imprescindible para animar la política de
instituciones occidentales y euro-atlánticas respecto a
nuestros vecinos en el Este, es decir, respecto a la Europa del Este.
El documento conjunto polaco-alemán, presentado por los
ministros Włodzimierz Cimoszewicz y Joschka Fischer en Luxemburgo el
año pasado, podría convertirse en el fundamento de la
nueva política unitaria con Ucrania. Otros campos de la
cooperación polaco-alemana comprenden el futuro de las
relaciones transatlánticas, así como la identidad
política y la defensa de Europa.
Esta colaboración debe basarse en el
respeto de la igualdad de los aliados. Reconocemos el papel de
Alemania en la construcción de Europa, confiamos en que
también a la otra orilla del Oder, cambiará el
sentimiento social y que los peyorativos estereotipos que determinan
la manera de percibir Polonia serán sustituidos con la imagen
de un país vecino amistoso y bien intencionado. Este futuro
modelo nunca será el fundamento de la política si no
logramos de una vez por todas y de manera tajante cerrar las
cuestiones del pasado que vuelven a sembrar en el campo de las
relaciones polaco-alemanas la desconfianza, la inquietud y la
desestabilización. Nuestras relaciones exigen declaraciones
claras y transparentes por parte de las principales fuerzas y
partidos políticos de Alemania. No podemos permitir que los
“nostálgicos del pasado”[1]
decidan sobre las relaciones entre nuestros
pueblos. Tenemos confianza en la fuerza de nuestras razones, todas
ellas tienen su justificación histórica y una firme
base jurídica. En nuestra política con Alemania,
debemos librarnos de los complejos y no dejarnos llevar por las
emociones. Nuestra actitud cuenta con la comprensión y la
voluntad de colaboración de parte del Presidente, el Canciller
y el Ministro de Asuntos Exteriores de la República Federal.
¡Señor Presidente del Parlamento !
¡Sus Señorías!
El año 2005 es el 60 aniversario del final
de la Segunda Guerra Mundial. Para nosotros, esta celebración
significa también el 60 aniversario de la devolución de
los territorios occidentales a la madre patria. Hemos alcanzado la
necesaria distancia y la perspectiva histórica para que sea
posible una profunda reflexión sobre la responsabilidad, las
consecuencias de la guerra y su actual presencia en la conciencia de
los países y de las sociedades. El papel de Polonia consiste
en actuar en defensa de la verdad histórica, oponerse a su
falseamiento y deformación.
Aquí, Señor Presidente del
Parlamento o , me permito una breve digresión. Creo que ya ha
llegado la hora de que, 60 años después del final de la
guerra, las sociedades y los representantes de todos los medios de
comunicación dentro de la comunidad de los países
democráticos –en Europa, los Estados Unidos y en Canadá-
se enteren de la elemental verdad sobre lo que sucedió de
verdad en la Polonia durante la ocupación. Quién fue el
agresor, el ocupante, quién creaba los campos de exterminio
para matar en ellos a la gente, quién fue perseguido, oprimido
y sujeto a la política de exterminio del hitlerismo alemán.
Fue en la tierra polaca donde los alemanes construyeron los más
grandes campos de exterminio, en los que, junto a los judíos,
fueron matados en masa los polacos y otros pueblos europeos. Dentro
de unos días, el 27 de enero de este año
–el día del 60 aniversario de la liberación del
campo hitleriano Auschwitz-Birkenau-, los dirigentes de 40 naciones
vendrán a este campo para participar en las celebraciones,
para rendir homenaje a las víctimas. Me dirijo desde aquí,
unos días antes de dichas celebraciones que indudablemente
fijarán la atención de todo el mundo, a los
representantes de las organizaciones periodísticas, a la
Asociación de Periodistas Polacos y otros organismos que
representan los medios de comunicación polacos, pidiéndoles
que –independientemente de los llamamientos, rectificaciones y
gestiones diplomáticas del Departamento de Asuntos Exteriores
polaco- dirijan a sus compañeros y a las agencias informativas
de todo el mundo una carta avisando que cualquier caso de emplear el
término “campos de exterminio polacos” de manera
irreflexiva o intencional será considerado ofensivo e infame.
De este modo no sólo se desvanece la verdad sobre los autores
del crimen, sino también queda denigrado nuestro pueblo, que
fue la primera víctima de los criminales actos de la Alemania
nazi.
¡Señor Presidente del
Parlamento !
¡Sus Señorías!
Las relaciones con Francia. No hace falta recordar
la importancia que ha tenido y tiene este país en la formación
de la identidad europea. Francia es también uno de los mayores
inversionistas extranjeros en Polonia. Este hecho constituye una
premisa positiva para el desarrollo de una firme cooperación.
Hemos notado un considerable cambio para mejor en cuanto al ambiente
de las relaciones mutuas. La mejor prueba de este progreso la
encontramos en la última visita del Ministro de Asuntos
Exteriores de Francia, Michel Barnier, en Polonia. En pocas palabras:
nuestras intenciones en las cuestiones del futuro de Europa resultan
mucho más cercanas de lo que vemos en la prensa, los
comentarios y los debates políticos.
De vez en cuando surge la pregunta si el Triángulo
de Weimar no habrá agotado su potencial político. La
respuesta es fácil: las instituciones de este tipo han
demostrado sobradamente su capacidad y ofrecen una plataforma útil
para la cooperación política y la discusión
sobre los problemas europeos. En particular, esperamos que Francia
desempeñe un papel activo en el desarrollo de relaciones de la
Unión con nuestros vecinos del Este.
Tenemos en gran estima la alianza que nos une con
Gran Bretaña. Compartimos sus opiniones sobre muchos asuntos
europeos y globales. Últimamente el gobierno británico
ha participado de manera activa e imaginativa en la formación
de los mecanismos de cooperación europea, sobre todo en las
cuestiones de política de defensa, de seguridad y de la
política exterior común. De este modo, también
nos ha ayudado a nosotros a formular nuestra política europea.
La política británica ilustra la tesis según la
cual los países ejercen mayor influencia sobre el futuro de
Europa cuando toman una posición en los asuntos claves y
centrales que cuando se alejan de los problemas importantes y
prefieren retirarse voluntariamente a la periferia de la política
europea. Contamos con la estrecha colaboración de Gran
Bretaña, especialmente en el proceso de creación del
nuevo modelo de relaciones transatlánticas, en el tema de las
relaciones entre América y Europa, lo cual tiene una
importancia capital para nuestra seguridad.
¡Sus Señorías!
El estado de relaciones transatlánticas,
como todas las relaciones entre los países, no es un valor
diseñado de una vez para que dure siempre. De ahí que
estas relaciones exijan nuestros continuos cuidados y gestiones. Hoy
en día, la cuestión primordial consiste en rechazar los
rencores y prejuicios que provocó la discrepancia respecto a
la intervención en Irak. Observo con gran satisfacción
que a ambos lados del Atlántico perdura la voluntad política
de restablecer un ambiente propicio a la colaboración. Sin
embargo, no se puede reducir la cuestión a la atmósfera
de las relaciones transatlánticas. Se inscribe en el orden del
día la necesidad de colaborar.
Desde la
perspectiva de Polonia el nuevo consenso en las relaciones
transatlánticas abarca dos terrenos importantes desde el punto
de vista estratégico. Primero, se trata de la reacción
del Occidente al cambio democrático y a las aspiraciones
prooccidentales de Ucrania y, también, de la común
línea política respecto a los demás aliados
del Este europeo. Segundo, es necesaria una alianza más
estrecha en el Oriente Próximo. Lo exige, sobre todo, la
necesidad de revitalizar el proceso de paz israelí-palestino,
de asegurar el apoyo internacional para normalizar la situación
en Irak y, también, de conseguir una solución
satisfactoria y duradera para el problema del programa nuclear iraní.
La colaboración transatlántica en todos estos temas
constituye una garantía para poner en marcha los métodos
que hagan posible una solución eficaz de estos problemas.
Conviene añadir que en todos estos asuntos se perciben las
oportunidades de una nueva apertura.
Al hablar
de las relaciones transatlánticas hay que aceptar desde el
principio que las diferencias que separan las posiciones a ambos
lados del Atlántico son un fenómeno normal. Un nuevo
acercamiento significa que Europa y los Estados Unidos se proponen
juntar esfuerzos en la búsqueda de un denominador común
y respetar mutuamente sus respectivos intereses. En el contexto del
problema Iraquí podemos decir –después de casi
dos años de experiencia- que ni América es capaz de
solucionar todo por su cuenta, ni tampoco parece una opción
constructiva el que algunos europeos caigan en la tentación de
servir de contrapeso para los Estados Unidos. Al mismo tiempo tenemos
que estar preparados para un debate importante sobre el modelo
estructural de las relaciones transatlánticas, sobre todo, en
lo referente al papel y lugar de la OTAN.
El compromiso en Afganistán, y también
la participación en el entrenamiento de las fuerzas militares
en Irak señala un destino estratégico totalmente nuevo
para la Alianza. Hemos expresado nuestro apoyo respecto a este nuevo
carácter, aunque la prioridad de Polonia consiste en mantener
la clásica función de la alianza como instrumento de
defensa colectivo. Hemos apostado por la globalización
selectiva de la actividad estabilizadora de la OTAN, porque en el
mundo actual este papel de la Alianza se muestra útil en la
práctica. Para los Estados Unidos es éste el papel
clave de la OTAN como fuerza global. América no considera a
Europa una víctima potencial de un acto de agresión
militar masiva que precise garantías y protección
americana, sino un aliado de los Estados Unidos para cooperar juntos
frente a las amenazas globales. La OTAN tiene que ser el instrumento
de esta cooperación global, en el caso contrario, perderá
fuerzas, mientras que el interés de los Estados Unidos por la
Alianza llegará a ser problemático. Esto significaría
el principio del fin de la presencia americana en Europa.
No tengo
que añadir que a Polonia le interesa –y debería
interesarle- mantener la presencia de los Estados Unidos en Europa y
su particular papel propio de una potencia europea. Ya que la
presencia de América trae consigo incuestionables
consecuencias positivas: lo vemos sobre todo en el terreno de la
Europa del Este, en el Sur del Cáucaso y en Asia Central.
En Polonia
somos conscientes de que las estrechas –e incluso
privilegiadas- relaciones con los Estados Unidos no constituyen una
alternativa para nuestro compromiso en la integración europea.
Nos preguntamos: ¿ cómo sacar provecho de la intimidad
de nuestras relaciones con los Estados Unidos para mejorar el
conjunto de las relaciones atlánticas? Nuestro compromiso en
el mejoramiento de las relaciones transatlánticas no resultará
creíble si al mismo tiempo no nos comprometemos de un modo
igualmente firme en el desarrollo de la cooperación europea.
El
prestigio de Polonia en Washington es hoy día mayor que nunca.
Este prestigio supone para nosotros una ventaja y un valor que no
tiene precio, aunque digamos que, de todas formas, es un valor
inconmensurable. Seamos sinceros: otros países llevan años
procurando llegar a este tipo de relaciones sin conseguirlo. La
posición de la que disfrutamos en los Estados Unidos no se
gana mediante un lobby. El significado de este prestigio aumenta con
la entrada en la Unión Europea. Nuestras relaciones con los
Estados Unidos son muy importantes, ante todo, porque sólo
América es capaz de garantizar nuestra seguridad de manera
convincente. Resulta imposible menospreciar semejante factor incluso
en la presente situación, es decir, cuando, afortunadamente,
no existe ninguna amenaza directa para nuestra seguridad en el
horizonte.
¡Señor Presidente del
Parlamento !
¡Sus Señorías!
El triunfo de la democracia en Ucrania, conseguido
pacíficamente, es mérito de millones de ucranianos. Lo
consideramos también un éxito nuestro, polaco. La
mediación del presidente Alexander Kwasniewski, la implicación
en el asunto de los representantes de la Unión Europea -que
resultó posible gracias a nuestro arbitraje-, la actividad de
nuestros Parlamento arios independientemente de la división de
partidos, la participación de los eurodiputados polacos y
miles de jóvenes observadores durante las elecciones: estos y
otros actos contribuyeron a que fuera posible la feliz solución
de la crisis y constituyen una importante inversión para el
futuro. La solidaridad masiva de los polacos con la Ucrania
democrática significa un buen punto de partida para el cambio
decisivo en las relaciones entre nuestras sociedades. Las relaciones
al nivel presidencial son importantes, pero la decisión sobre
el futuro de nuestros países dependerá de cada nación.
Durante los últimos meses, los ucranianos y los polacos han
demostrado el grado máximo de madurez política y una
adecuada comprensión de la razón de estado. Por eso nos
esforzaremos por establecer firmes y a la vez prácticos
fundamentos para el desarrollo de las relaciones mutuas en el plano
social, de modo que millones de ciudadanos de nuestros países
a ambos lados de la frontera puedan percibir este cambio.
Quiero
expresar mi profunda convicción de que Ucrania y toda la
Europa del Este vuelven a estar entre los asuntos importantes del
orden del día de los que se ocupan las instituciones europeas
y euro-atlánticas y, seguramente, allí permanecerán.
Debemos aprovecharlo para llevar a cabo la positiva revalorización
de la anterior política occidental respecto a nuestros
vecinos, sobre todo, para elaborar un “paquete de apertura”
realista y significativo destinado al equipo reformador de Kiev. Ha
caído el mito según el cual nuestros vecinos del Este
no eran capaces de cumplir los estándares occidentales
de democracia y derechos humanos. La tesis de que, supuestamente, los
pueblos de esta parte de Europa pertenecen a otra zona de
civilización y de cultura, a otra “zona de influencias”,
ya no tiene validez. Por último, tampoco se ha confirmado el
mito que aseguraba que las sociedades de esta parte de Europa están
sumergidas en la apatía y, por lo tanto, no pueden ellas solas
formar una sociedad. Los últimos acontecimientos en Georgia y
la revolución naranja en Ucrania obligan a los políticos
a revalorizar sus actitudes y opiniones basadas en prejuicios y
estereotipos.
¡Sus Señorías!
Es comprensible la preocupación que
despierta en Polonia la situación con Bielorrusia, país
con el que compartimos frontera. Apoyamos las aspiraciones
democráticas y proeuropeas de la sociedad de este país.
Junto con nuestros aliados europeos y transatlánticos
procuramos ir modelando la política de Occidente de manera que
las tendencias democráticas y de liberación en
Bielorrusia puedan contar con nuestra plena solidaridad. Tampoco nos
olvidamos de Moldavia y de la necesidad de conseguir un mayor
compromiso de parte del Occidente en la solución del conflicto
del Transdniéster.
¡Sus Señorías!
Las relaciones con la Federación de Rusia
tienen un significado primordial para la política exterior de
Polonia. Digámoslo claramente: nuestra participación en
lo que sucedió en Ucrania no iba dirigida contra Rusia. Los
motivos de nuestro compromiso se referían a la necesidad de
apoyar los valores fundamentales y no actuamos en interés
propio. Para nosotros lo esencial consistía en que en Ucrania
tomara la palabra la soberana voluntad del pueblo. No había
allí ningún complot extranjero. Además, estamos
profundamente convencidos de que lo que pasó en Ucrania
beneficia también a Rusia. Es la primera vez en la historia
que en la frontera occidental de Rusia se encuentran tantos países
que le son favorables y amistosos. Nos importa que Rusia esté
unida lo más fuerte posible con Europa, con la Alianza del
Atlántico Norte, con la Unión Europea. Me refiero a
conexiones no sólo y no principalmente en forma de gaseoductos
y oleoductos, aunque este tipo de relaciones también es
importante. No obstante, para Polonia y para Europa el factor más
relevante de la consolidación y de la seguridad y, a la vez,
el denominador común radica en principios como: los estándares
de democracia comunes, la libertad de los medios de comunicación,
los derechos humanos. Una Rusia estable, rica y democrática
será un centro de influencia sobre todo el territorio
postsoviético mucho más significativo que si su
política se basara en los anacrónicos conceptos de las
llamadas “zonas de influencias” multipolares. El balance
de las relaciones de Rusia con las instituciones democráticas
del Occidente tampoco debería equivaler a cero. La
modernización de la Europa del Este, la perspectiva de
integración de Ucrania, Moldavia y, también, de
Bielorrusia con las instituciones euro-atlánticas y europeas
está en el interés común de la Rusia democrática
y del Occidente.
Para Polonia, la calidad de miembro de la Unión
Europea brinda también una oportunidad de establecer una nueva
plataforma para las relaciones bilaterales con Rusia. En este caso
nos seguiremos esforzando en aproximarnos a la solución de
varios problemas pendientes. Un filósofo finlandés
recomendaba buscar enemigos lejos y amigos cerca. Sería de
desear que nuestros dos países siguieran este lema en las
relaciones mutuas.
¡Sus Señorías!
El nuevo reto de Polonia consiste en emprender un
debate común sobre la visión de relaciones en nuestra
zona después de la ampliación de la Unión
Europea. Conviene entonces, también, una reflexión
interior sobre el lugar y el papel de la política regional en
la totalidad de tareas de la política exterior.
La cooperación en el marco del Grupo de
Visegrad, en la Iniciativa de la Europa Central o en el Consejo de
los Países del Mar Báltico, contribuía a
consolidar la identidad de la Europa Central y aseguraba la
estabilidad en toda la región. Después de entrar en la
Unión Europea -o incluso dos o tres años antes de la
ampliación- algunos de nuestros aliados empezaron a dudar de
la necesidad de mantener esas estructuras subregionales. Nuestra
opinión al respecto es distinta. Además, mediante
iniciativas concretas -entre ellas, la actual presidencia del Grupo
de Visegrad- hemos logrado fijar la dirección del proceso de
evolución que debería seguir la cooperación
regional para que su utilidad y conveniencia resulten convincentes.
Esto se refiere también al programa de cooperación
regional, iniciado en el año 2001, que abarca –aparte de
los países del Grupo de Visegrad- a Austria y a Eslovenia.
Nuestros aliados han podido comprobar que Polonia no considera la
región un aval para sus ambiciones políticas en el foro
de la Unión. Tampoco pretendemos convertirnos en el líder
de la región. Nuestros objetivos son distintos: queremos
aprovechar el prestigio y la posición dentro de la familia
europea y transatlántica para defender los intereses de la
región.
La ampliación de la Unión Europea y
de la OTAN, el cambio total de la imagen geopolítica de Europa
y también la aparición de nuevos retos, han modificado
el contexto en el que funcionaba toda la estructura institucional en
Europa, no sólo las conexiones subregionales. Estas
instituciones tienen que encontrar el nuevo sentido de su existencia.
Esta es también una obligación de nuestra política.
¡Sus Señorías!
Deseamos que el encuentro de los países del
Consejo Europeo en la cumbre de Varsovia en mayo traiga una visión
concreta del futuro y decida el lugar de este organismo en el
contexto de otras estructuras europeas. La cuestión es
que las visiones que van preparando cada una de las instituciones,
como el Consejo Europeo o la Organización para la Seguridad y
la Cooperación en Europa, sean coherentes. Estas instituciones
necesitan ser reconstruidas en su conjunto. Sobre todo, hay que
eliminar los casos en que se doblan o multiplican las mismas tareas y
evitar la rivalidad entre las instituciones. Conviene evitar la
tendencia de que cada organismo se ocupe principalmente de sus
propios problemas internos. Por supuesto, no nos hacemos ilusiones y
no esperamos solucionar estos problemas de una sola vez o encontrar
milagrosas medidas preventivas.
A finales de enero y principios de febrero de este
año tendrá lugar en Varsovia la siguiente sesión
del Grupo Reflexivo de Varsovia que integra a los destacados
analistas e investigadores de Europa y de Norteamérica. Su
objetivo consistirá en elaborar un informe sobre el nivel de
complementación de las estructuras europeas. Lo más
importante: no derrochar el acervo normativo, político y
operativo de las instituciones que funcionan en Europa. El asunto es
urgente, ya que el último Consejo Ministerial de la OSCE en
Sofía ha mostrado cómo natural crisis de identidad de
este organismo puede ser aprovechada para solucionar objetivos
políticos particulares. Así entendemos los intentos de
limitar las actividades de este organismo en el campo de derechos
humanos. Esto demuestra una actitud miope y puede causar efectos
contrarios a los pretendidos. Por nuestra parte, estamos considerando
una búsqueda constructiva de nuevas soluciones. El surgimiento
de nuevos retos y amenazas asimétricas, como el terrorismo
internacional, la proliferación de las armas de destrucción
masiva, y nuevos fenómenos como los estados desaparecidos, y
los que están en trance de desaparición, ponen en el
orden del día la necesidad de una redefinición global
del orden internacional. En la formación de la política
exterior de Polonia nos basamos en la convicción de que el
eficaz multilatelarismo constituye la clave para garantizar la paz y
la estabilidad mundial. Haremos todo lo posible para mantener y
consolidar las instituciones multilaterales de la gestión
global, especialmente la Organización de Naciones Unidas.
En este contexto, el asunto más urgente es
la reforma de la ONU. De la necesaria reestructuración de la
ONU habló el Ministro de Asuntos Exteriores de Polonia
Włodzimierz Cimoszewicz en otoño del año 2003, cuando
presentaba la iniciativa de acordar “La Nueva Acta Política
para las Naciones Unidas en el siglo XXI”. La necesidad de
cambios se debe a que el sistema de seguridad mundial está
caracterizado por cierto dinamismo, mientras que las estructuras son
estáticas. Como resultado, primero, viene la inadecuación
conceptual de la organización. La ONU a menudo no tiene la
capacidad necesaria para prevenir las amenazas y solucionar los
nuevos problemas. La cuestión es que desde hace años
los principales conflictos surgen no tanto en las relaciones entre
los países como en su interior. De un lado, la sociedad
internacional habitualmente espera una intervención inmediata
y eficaz; del otro, la organización no dispone de debidas
normas, procedimientos y medios.
Segundo, se trata de una inadecuación
política que hace que el sistema de fuerzas dentro de la
Organización no refleje el real sistema de fuerzas en el
mundo. Tercero, es esta inadecuación institucional la razón
por la que los órganos de las Naciones Unidas y sus
funcionarios trabajan de manera ineficaz y obsoleta.
Así que la iniciativa polaca presentaba una
visión integral de la reforma de las Naciones Unidas.
Propusimos que el proyecto de reforma lo preparara el Panel de los
Personajes Eminentes. Como es sabido, hace más de un año
que el Secretario General formó este grupo, que luego, en
diciembre de 2004, presentó el informe debido. El año
2005 será para las Naciones Unidas, y sobre todo para todos
los países miembros de la ONU, una prueba de capacidad
reformadora. El encuentro de alto nivel planeado para el día
del aniversario de la Declaración del Milenio debería
traer consigo el consenso político respecto al paquete de
cambios. La pregunta es: ¿qué nos traerá? La
cuestión sigue abierta y no permite una respuesta simple.
El compromiso de Polonia a favor de los cambios en
la ONU no tiene ninguna intención oculta. No reclamamos un
lugar permanente en el Consejo de Seguridad, tampoco pedimos cambios
institucionales. Partimos de la convicción de que primero hay
que reconocer los problemas, definir el nuevo mandato de la
Organización y luego considerar la posibilidad de los cambios
institucionales. Nuestra actitud responde a los intereses de la
comunidad internacional y a la intención de actuar más
allá del recinto regional. Nuestras iniciativas suponen, sobre
todo, una contribución intelectual, un intento de reflexión
creativa e innovadora.
¡Sus Señorías!
Otra cuestión que merece un debate serio en
nuestro país es el perfil político, militar y económico
de la participación de Polonia en el sistema global de
relaciones. Me refiero a Polonia como país que con la adhesión
a la Unión Europea ha entrado en el nuevo sistema de
conexiones internacionales, en los que la Unión constituye un
sujeto colectivo. Stanisław Wyspiański en La boda (Wesele)
escribía con ironía: “Que haya guerra en el
mundo, con tal que la campiña polaca esté tranquila,
con tal que la campiña polaca esté apacible”[2]
. En la actualidad éste no es y no puede
ser el lema de la política polaca. La seguridad ha llegado a
ser de veras indivisible, los peligros que amenazan nuestra seguridad
nacional pueden venir de los lugares más exóticos,
considerablemente alejados de Polonia. El imperativo de la política
exterior de Polonia consiste en buscar la seguridad nacional en el
marco de la seguridad internacional, en colaboración con otros
países.
Desde esta perspectiva debemos considerar nuestro
papel en Irak. El problema es que, probablemente, no disminuirá
la demanda de este tipo de papeles difíciles, que tantos
sacrificios suponen entre los países de la OTAN y de la Unión
Europea. La OTAN se ha embarcado militarmente en Afganistán y
espera que Polonia contribuya de forma activa. La Unión
Europea va completando los grupos de combate. La catástrofe
humanitaria en el sudeste asiático exige una modificación
del concepto de dichos grupos para que puedan prestar ayuda
internacional de manera eficaz en semejantes situaciones de crisis.
La necesidad de estas actividades la confirma también el
problema de Sudán. De ahí que resulte imprescindible
elaborar una doctrina sensata respecto a la participación a
escala internacional de nuestras fuerzas militares en semejantes
operaciones. Se trata principalmente de intervenciones humanitarias.
Para llevar a cabo los compromisos de esta índole necesitamos
de una profunda comprensión de parte de la sociedad.
Hasta ahora, este obvio –aunque también
relativamente nuevo- postulado de convertirnos de un país
ayudado por los demás en un pueblo capaz de prestar ayuda a
los más necesitados del mundo, podría sonar como una
declaración vacía y abstracta. La tragedia en Asia ha
demostrado la importancia que tiene el hecho de que Polonia participe
en las acciones de socorro y que muestre su solidaridad. La capacidad
de ayudar a los demás –los más débiles,
más pobres, que sufren enfermedades, hambre, cataclismos-
debería, desde hoy, ir cambiando nuestra sensibilidad y
conciencia, y también obtener una dimensión
organizativo-presupuestaria.
¡Señor Presidente del
Parlamento !
¡Sus Señorías!
La incorporación de Polonia en las
estructuras y las políticas unitarias exige una revalorización
de nuestras relaciones y lazos con los países de fuera de
Europa, así como una redefinición de nuestro lugar
dentro del sistema global. Europa es percibida, cada vez en mayor
medida, como una totalidad. Deberíamos influir en la
formulación de la política unitaria respecto a
los territorios fuera de Europa. Contamos con ciertas ventajas: nunca
hemos sido un país colonial, disponemos de una amplia red de
representaciones diplomáticas y de un gran número de
círculos de emigrantes polacos, de muchos expertos e
investigadores. Los escasos medios son nuestro punto más débil
y la mayor limitación. No se puede desarrollar una política
activa sin medios.
Hace poco el gobierno aceptó la estrategia
respecto a los países no europeos en fase de desarrollo y esto
es una señal de la voluntad política y de la necesidad
de actuar. Una señal importante, debido a su carácter
concreto y sistemático. Esta estrategia va más allá
de las declaraciones generales. Se trata de una tarea para
desarrollar durante años. La categoría, la importancia
y el atractivo de los países como China, India, Pakistán,
Malasia, Tailandia, Indonesia, algunos países árabes,
la República de Sudáfrica, Nigeria, Angola, Brasil,
Argentina, Chile, México y otros, irá creciendo.
Para aprovechar las oportunidades de participación polaca en
los procesos globales tenemos que ir modernizando, consecuentemente,
nuestro sistema de gestión de los instrumentos de la política
exterior.
¡Sus Señorías!
Para nuestra identidad nacional resulta importante
el hecho de que una gran parte de los polacos, gente con
orígenes polacos, siga viviendo fuera del país. En los
años anteriores establecimos una estrategia compleja del
gobierno para la cooperación con los círculos de
emigrantes. Existe un mecanismo comprobado para la realización
de esta política. Además, hay otros asuntos que llaman
nuestra atención. Es el caso de ayuda a los polacos en el
Este, que a menudo se encuentran en una situación difícil
desde el punto de vista material. Está también el caso
de las demandas de la minoría polaca en Lituania o de los
polacos en Alemania, que buscan una posibilidad de expresar su
identidad cultural. Me gustaría, desde esta tribuna,
manifestar mi profundo respeto y agradecimiento a ambas cámaras
del Parlamento o, por la ayuda, el apoyo y la colaboración con
los círculos de emigrantes polacos.
¡Señor Presidente!
¡Señor Primer Ministro!
¡Señor Presidente del
Parlamento !
¡Sus Señorías!
El balance de la política exterior de los
últimos años es significativo. La entrada en la Unión
Europea ha sido el broche final a los esfuerzos de muchos años
y con ella empieza un nuevo capítulo en la historia de
nuestro país. Hemos ganado una posición firme en el
sistema trasatlántico y un alto prestigio en Europa. Los
cambios en Ucrania abren nuevas posibilidades para nuestra política
en el Este. Hemos empezado a actuar fuera de los territorio europeos.
El ambiente internacional en el que actuamos se
muestra excepcionalmente frágil y poco estable. La
situación cambia rápidamente. De este modo, se agudizan
los problemas con los que nos enfrentamos y se complica la búsqueda
de respuestas justas.
He intentado hoy fijar la atención de Sus
Señorías en estos problemas, tareas y prioridades
fundamentales. Muchos países se encuentran con retos
semejantes. En el mundo actual, para la mayoría de los
problemas internacionales, la única respuesta eficaz es la
respuesta colectiva.
Permítanme, para terminar este discurso,
expresar una vez más mi convicción de que la eficacia
de nuestra política exterior depende y dependerá en
gran medida de dos elementos: de la continuidad junto con
perseverancia y, además, del interés nacional por
encima de los partidos, cuya expresión es la posición
conjunta o convergente de las principales fuerzas políticas
respecto a los objetivos y tareas de la política exterior
fundamentales para el país y la nación.
Gracias por su atención.
[1]
Se refiere a los ciudadanos
alemanes expulsados después de la II Guerra Mundial de los
territorios de Polonia occidental que ahora reclaman la devolución
de sus propiedades.
[2]
Wyspiański, Stanisław, Wesele (Boda), 1901; cita: “Niech
na całym świecie wojna, byle polska wieś zaciszna, byle polska wieś
spokojna” [traducción del autor]